martes, 21 de abril de 2015

El túnel. Ernesto Sábato


Novela del escritor argentino Ernesto Sábato (1911-2011) publicada en 1948. Tras su publicación, Sábato logró el reconocimiento internacional al recibir elogios de personalidades del mundo literario como Thomas Mann y Albert Camus.

Juan Pablo Castel conoce a María en una exposición de pintura en la que él expone. Le llama la atención una muchacha que mira fijamente una ventanita con una mujer frente al mar que aparece en uno de sus cuadros; al notar tal detalle, Castel se obsesiona con la chica y la busca por toda la ciudad. En su búsqueda, el pintor fantasea con todas las posibilidades que tiene para conocerla y abordarla en la calle, a la vez que hace una serie de reflexiones que muestran su postura ante la pintura y las exposiciones a las que prefiere no ir.

Castel encuentra a María en la calle y la sigue hasta unas oficinas, entra al edificio detrás de ella y le pregunta por el nombre de las oficinas; María lo reconoce y se sonroja. Castel le hace ver que la ha estado buscando, que tienen que hablar de la "ventana" de su cuadro, lo que María parece no entender, María sale corriendo. Castel la alcanza y se disculpa diciéndole que la tiene muy presente, y se va. Castel no deja de pensar en ella y decide buscarla otra vez.

Al día siguiente Castel va al mismo lugar a esperar que María pase, y la lleva del brazo a un parque cerca de ahí. El pintor le confiesa a María que no deja de pensar en ella y que la necesita; le pide que nunca se separe de él. Le pide que hablen del cuadro de la ventana, y María le dice que le parecía un mensaje de desesperanza, y le dice que nada ganará con verla, porque hace daño a todos los que se le acercan. Más tarde Castel la llama por teléfono y no alcanza a entender la misteriosa voz de María, que finalmente le dice que tiene que colgar. Juan Pablo le dice que la llamará al día siguiente. Agitado por la llamada, Castel no puede dormir y se va a un café, muy temprano. Llama a casa de María y la criada le dice que se fue al campo pero que dejó una carta para él. Al llegar a casa de María, lo recibe un hombre ciego que le entrega la carta y se presenta como Allende, esposo de María. Sorprendido, Castel abre la carta, que únicamente dice "Yo también pienso en usted". Allende cuenta a Castel de la estancia en donde se encuentra María, y de Hunter, su primo, quien está al frente del lugar.

Muy confundido por lo que pasó y por el contenido de la carta, Castel empieza a deducir una serie de hipótesis en relación con la historia que vive y el por qué María no le había mencionado nada de su matrimonio. Días después, llama para preguntar la dirección de la estancia, y le escribe una carta a María para pedirle que le llame en cuanto llegue a Buenos Aires. María responde a la carta diciéndole que piensa en él y que lo siente entre el mar y ella. Continúan escribiéndose hasta la llegada de María. Quedan en verse y Castel la cuestiona acerca de su repentina ida a la estancia.

Durante más de un mes, mantienen una relación constante, pero frecuentemente Juan Pablo se atormenta y atormenta a María con cuestionamientos sobre su vida privada, sus relaciones, la manera en que reacciona, el "cariño de hermanos" que dice sentir por Allende, etc. Tales situaciones van llegando a extremos, y un día Castel amenaza a María con matarla si se entera de que lo engaña.

Abrumado por el desgaste de la relación, Castel se pierde en la bebida. Esa noche sueña que un hombre le pone una trampa y lo convierte en pájaro, se ve como pájaro e incluso habla como uno, pero nadie se da cuenta de esto excepto él. Al levantarse, llama a casa de María y se entera de que nuevamente se fue a la estancia, y le manda una carta pidiéndole perdón. Días después, recibe respuesta de María invitándolo unos días a la estancia. Al llegar a la estación "Allende", un chofer recoge a Juan Pablo argumentando cierta indisposición de María. En la estancia es recibido por Hunter y su prima Mimí, que lo cuestiona sobre su pintura. Los primos conversan mientras Castel se pregunta sobre los motivos de María para no salir de su habitación.

Finalmente, aparece María y se van a caminar por la playa con el pretexto de ver unos dibujos de Castel. Se quedan en silencio frente al mar y María le confiesa lo conmovida que estaba con el cuadro de la ventana, y de cuánto deseaba conocerlo ya que sintió lo parecido que era él a ella y como ambos buscaban a alguien. Al regresar a la casa, Hunter está muy agitado y, al parecer, celoso. Eso hace entender a Castel la relación que hay entre ellos, se retira a su habitación y les oye discutir. Al día siguiente, muy temprano, decide marcharse.

Castel, confundido y decepcionado por la situación con María, bebe incansablemente, se pelea en los bares y maltrata a prostitutas. Le envía una carta a María en donde le explica su salida repentina de la estancia y agradece sus atenciones, pero él no cree ser amado por ella, porque no entiende cómo puede hablarle de amor a él y a su marido y al mismo tiempo acostarse con Hunter, y así se lo hace ver. Va al correo a depositar la carta y, minutos después de hacerlo, se arrepiente; trata inútilmente de recuperarla, pero en la oficina postal no se lo permiten. Castel llama a María a la estancia para pedirle que venga a verlo, o, si no lo hace, se matará. María le hace ver que no tiene caso verse de nuevo, que sólo se lastimarán más; pero, ante la amenaza de suicidio, acepta. Castel sigue cuestionándose la relación entre Hunter y María, y va a buscar a Lartigue, un amigo cercano a Hunter, para preguntarle desde cuándo mantienen relaciones María y su primo. Ante la negativa de Lartigue y su nerviosismo, Castel sólo confirma sus sospechas. Llama a casa de María, que ya está en Buenos Aires, y acuerdan verse al día siguiente a las cinco de la tarde.

María no llega a la cita, y, al llamarla a su casa, Juan Pablo se entera de que regresó temprano a la estancia. Castel le pide un coche a un amigo diciéndole que su padre está muy enfermo. Castel se ve a sí mismo en el campo de la estancia, y recuerda los momentos felices con María y la sueña niña corriendo en un caballo con su cabello al viento: «[...] en todo caso había un sólo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. [...]» Comprende que siempre ha existido un muro de vidrio que lo separa de María. Después de la espera, Castel ve a través de la ventana de la casa que ellos bajan las escaleras y se van del brazo a dar un paseo por el parque. Al volver a casa, Castel se siente morir al notar que sólo se enciende una luz, la de la habitación central, y más tarde la de la habitación de María. Juan Pablo, con un cuchillo en mano, sube por el balcón, encuentra una puerta, se mete a la galería interior, y aparece frente a la puerta de María, quien le pregunta qué va a hacer. Castel responde que tiene que matarla porque lo ha dejado solo, y la mata clavándole el cuchillo en el pecho. Sale de la casa y, muy temprano, llama a casa de María y le dice a Allende que tiene que verlo. En la cita, Castel le confiesa a Allende sus sospechas de infidelidades de María e incluso le hace ver que lo engañaba con él mismo. Inútilmente, Allende persigue a Castel y le grita "insensato". Castel se entrega a la comisaría y al final se entera de que Allende se ha suicidado.

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