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miércoles, 8 de julio de 2026

Cuerpos viles (Vile Bodies). Evelyn Waugh


Publicada en 1930, Vile Bodies es la segunda novela de Evelyn Waugh y, junto con Decline and Fall, el texto fundacional de su primera etapa como satírico despiadado de la sociedad británica de entreguerras. La novela retrata a los llamados "Bright Young Things", ese grupo de jóvenes aristócratas y aspirantes a serlo que llenaron los titulares de la prensa londinense de los años veinte con sus fiestas disparatadas, sus escándalos y su desprecio ostentoso por cualquier forma de convención. Waugh, que había frecuentado ese mundo antes de distanciarse de él con la mezcla de fascinación y repulsión que caracteriza a toda su obra temprana, construye aquí un fresco coral en el que apenas hay protagonistas en el sentido tradicional, sino una masa de personajes intercambiables que se precipitan, fiesta tras fiesta, hacia una catástrofe que el lector intuye antes que ellos mismos.

El motor narrativo, en la medida en que existe uno, es la historia de Adam Fenwick-Symes, un joven escritor sin dinero que intenta casarse con Nina Blount y que ve su fortuna aparecer y desvanecerse con una velocidad casi cómica: un manuscrito confiscado en la aduana, una apuesta ganada y perdida, un cheque que cambia de manos entre borrachos sin que nadie recuerde bien los términos. Waugh convierte el dinero en un elemento tan volátil e irreal como los sentimientos de sus personajes, de modo que el compromiso matrimonial de Adam y Nina se rompe y se rehace varias veces a lo largo del libro con la misma indiferencia con la que se organiza una fiesta más. Esta estructura circular, casi mecánica, no es un defecto de construcción sino la tesis misma de la novela: en el mundo que describe, no hay progreso posible, solo repetición hueca.

Formalmente, Vile Bodies representa una de las cumbres del estilo dialogado de Waugh, heredero declarado de Ronald Firbank. La novela avanza casi enteramente a través de conversaciones fragmentarias, telefónicas, atropelladas, en las que los personajes se interrumpen, malinterpretan y repiten frases hechas sin escucharse realmente los unos a los otros. Este procedimiento, que podría parecer un simple alarde técnico, cumple una función crítica precisa: exhibe la vacuidad de un lenguaje social que ha perdido todo contacto con el sentido. Cuando todo el mundo dice "too, too sick-making" o "divine" para describir cualquier cosa, desde un vestido hasta una muerte, el lenguaje mismo se ha convertido en ruido, y Waugh lo sabe y lo explota con una precisión de entomólogo.

Uno de los aciertos más notables de la novela es su tratamiento de la prensa y de la fabricación mediática de la celebridad, encarnada en el personaje de Adam cuando este hereda temporalmente la columna de cotilleos de la sociedad bajo el seudónimo de "Mr Chatterbox". Waugh, que había trabajado brevemente como periodista, diseca con una lucidez sorprendentemente moderna el mecanismo por el cual la fama se inventa, se intercambia y se destruye según las necesidades de una industria que no distingue entre verdad y entretenimiento. La escena en la que Adam, sin material real, empieza a inventar personajes y titulares de la nada anticipa con casi un siglo de antelación buena parte de las discusiones contemporáneas sobre la posverdad y la celebridad vacía.

La sátira de Waugh, sin embargo, no se limita a la burla de la frivolidad aristocrática; incluye también una crítica feroz a las instituciones que deberían contener o guiar a esa juventud desnortada: la Iglesia, representada por un capellán ridículo y sin autoridad moral alguna; el Estado, incapaz de imponer ningún orden coherente; y la propia familia, reducida a figuras grotescas como el padre de Adam o la Lady Metroland, que patrocina fiestas sin comprender ni le importa lo que ocurre en ellas. Waugh no ofrece ninguna alternativa positiva a este vacío: no hay en la novela ningún personaje que encarne valores sólidos desde los cuales juzgar a los demás, y esa ausencia deliberada es, en sí misma, un juicio devastador sobre la época.

El giro final de la novela, con la llegada de una guerra que estalla casi sin previo aviso en las últimas páginas, ha sido interpretado a menudo como una anticipación profética de la Segunda Guerra Mundial, aunque conviene recordar que Waugh escribía en 1930, con la memoria todavía fresca de la Gran Guerra y sin necesidad de adivinar el futuro para intuir que aquella fiesta interminable no podía sostenerse indefinidamente. La imagen final, con Adam convertido en soldado en medio de un campo de batalla surrealista donde vuelve a encontrarse con personajes de las fiestas anteriores, cierra el libro con una nota de amargura que contrasta violentamente con el tono ligero del resto de la narración, y revela que bajo la comedia había, desde el principio, una conciencia trágica del rumbo que tomaba Europa.

Conviene situar Vile Bodies también en el contexto biográfico de Waugh: la novela fue escrita mientras su primer matrimonio, con Evelyn Gardner, se derrumbaba por la infidelidad de esta, y ese dolor personal, aunque nunca se explicita en el texto, impregna la crueldad con la que se retratan el amor y el matrimonio a lo largo del libro. Nina y Adam se aman, en la medida en que esa palabra tiene algún sentido en el universo de la novela, pero su relación está tan contaminada por el cálculo económico y la indiferencia moral general que resulta imposible distinguir el afecto genuino de la simple costumbre, y esa ambigüedad, lejos de debilitar la novela, es una de sus aportaciones más perdurables a la literatura del siglo XX.

Vile Bodies no envejece como una simple crónica de los excesos de los años veinte, sino como un estudio implacable sobre lo que ocurre cuando una sociedad pierde toda referencia moral sin encontrar todavía sustituto alguno. Waugh escribe con una comicidad brillante que nunca deja de ser, al mismo tiempo, un lamento; su risa tiene siempre un filo de desesperación. La novela funciona como un díptico perfecto: la primera mitad es la comedia de una juventud que cree que la fiesta no terminará nunca, la segunda es el descubrimiento silencioso de que sí terminará, y de la peor manera posible. Ese doble movimiento, ejecutado con un control estilístico admirable para un autor de veintiséis años, convierte a Vile Bodies en una de las novelas más lúcidas jamás escritas sobre la frivolidad como síntoma de una civilización que ya no sabe qué hacer consigo misma.

jueves, 20 de marzo de 2014

Retorno a Brideshead (Brideshead Revisited). Evelyn Waugh

 Cubierta de la primera edición inglesa (1945)

Retorno a Brideshead (Brideshead Revisited, the Sacred and Profane Memories of Capt. Charles Ryder) es una novela de Evelyn Waugh (1903-1966), editada por primera vez en 1945. En palabras de Waugh, la novela "trata de lo que la teología llama «la intervención de la gracia divina», es decir, el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí". El medio de transmisión de este mensaje es el estudio de la aristocrática familia Flyte desde el punto de vista del narrador, Charles Ryder.

La revista Time incluye a Brideshead Revisited en su lista de las 100 mejores novelas escritas en inglés desde 1923. En varias cartas, Waugh la describió más de una vez como su "magnum opus"; no obstante, en 1950 escribió a Graham Greene: "He releído Brideshead Revisited y estoy horrorizado". En Fathers and Sons (2004), la biografía de cinco generaciones de la familia Waugh, Alexander Waugh (hijo de Auberon y nieto de Evelyn) cita el prefacio de Evelyn a la edición revisada en 1960 de la obra. En el prefacio, Evelyn explica las circuntancias en que escribió la novela, en los 6 meses entre diciembre de 1944 y junio de 1945, tras un accidente de paracaídas sin consecuencias. Su tono es algo desdeñoso; en sus palabras, "Era una época de privación presente y amenaza de desastre; la época de las alubias de soja y el Inglés Básico; por eso el libro está imbuido de una cierta gula por la comida y el vino, los esplendores del pasado reciente y un lenguaje retórico y ornamental que ahora, con el estómago lleno, me parecen desagradables".

Brideshead Revisited cobró gran fama ante el público moderno como resultado de la serie televisiva producida en 1981 por Granada Television para la cadena británica ITV.

Tras conocerse casualmente en circunstancias desagradables, el protagonista y narrador Charles Ryder, estudiante de un colegio no identificado de la Universidad de Oxford (aunque ciertos críticos han sugerido que Waugh usó Hertford College como modelo y, en la serie de televisión, Charles Ryder lleva una corbata de St Edmund Hall) hace amistad con Lord Sebastian Flyte, benjamín de una familia aristocrática que estudia su primer año en Christ Church. Sebastian lleva a Charles al palacio donde vive su familia, Brideshead Castle, donde aquél conoce con el tiempo al resto de la familia, incluida la hermana de Sebastian, Lady Julia Flyte.
Durante las siguientes vacaciones Charles vuelve a la casa de su padre, Ned (Edward). Las escenas entre ambos son de las más conocidas situaciones cómicas de la novela. Durante esas vacaciones, Sebastian llama a Charles desde Brideshead tras sufrir una torcedura de tobillo. Sebastian y Charles pasan el resto del verano juntos.
La familia de Sebastian es católica y la religión suele figurar en sus conversaciones, ejerciendo influencia en sus vidas, lo que sorprende a Charles, que siempre había supuesto que el cristianismo "carecía de sustancia o mérito". Sebastian, que sufre de problemas emocionales, comienza a darse a la bebida y pronto hace de ella un hábito, alejándose de su familia en los dos años siguientes y causando con ello el distanciamiento del mismo Charles. No obstante, Charles volverá a encontrarse con la familia Flyte años después, comenzando una relación con Julia, que para entonces se ha casado con Rex Motram, un rico pero vulgar empresario canadiense del que vive separada.
Charles planea divorciarse de su propia mujer (que le había sido infiel) para casarse con Julia. Sin embargo, un comentario del hermano de ésta y el retorno a la fe de su padre en su lecho de muerte persuaden a Julia de que no puede seguir viviendo en pecado, por lo que renuncia a casarse con Charles. La recepción del sacramento de la Extremaunción por Lord Marchmain también influye a Charles, que había "buscado el amor en aquellos días", cuando conoció a Sebastian, "esa puerta en el muro... que abriría un jardín cerrado y encantado", metáfora que da forma a la obra en varios niveles. Waugh deseaba que el libro versara sobre "la intervención de la gracia divina sobre un grupo de personajes diversos pero estrechamente relacionados".
Durante la Segunda Guerra Mundial, Ryder, para entonces oficial del ejército tras hacerse un nombre como pintor arquitectónico, recibe destino en Brideshead, el antiguo centro de sus afectos. La obra termina con una nota de esperanza; quizá el esfuerzo de los constructores no haya sido en vano, aunque parezca, por el momento, haberse frustrado