Historias de cronopios y de famas, publicado originalmente en 1962, se alza como uno de los libros legendarios de Julio Cortázar (1914-1984), consolidando una mirada poética que desafía las miserias de la rutina y del sentido común. A través de una colección de cuentos, viñetas y fragmentos, el autor toma partido por la imaginación creadora y el humor corrosivo, ofreciendo un antídoto contra la solemnidad y el aburrimiento cotidiano. Esta obra no solo es una introducción privilegiada al universo de Cortázar, sino que sella un pacto de complicidad definitiva con sus lectores al invitarlos a romper con la mirada automatizada del mundo.
El libro se abre con el "Manual de instrucciones", una sección que deconstruye gestos cotidianos para revelar su extrañeza intrínseca. En estos textos, Cortázar describe la tarea de "ablandar el ladrillo todos los días" y la lucha contra la "masa pegajosa" de la costumbre. Así, encontramos guías minuciosas para llorar con decoro (dirigiendo la imaginación hacia uno mismo o hacia un pato cubierto de hormigas), para subir una escalera analizando cada movimiento del cuerpo, o para dar cuerda a un reloj, advirtiéndonos que en realidad el reloj es quien nos posee a nosotros.
En la sección "Ocupaciones raras", el autor nos presenta a una familia peculiar que vive en la calle Humboldt, en el barrio de Pacífico. Este grupo se dedica a tareas libres y simulacros que no sirven para nada práctico, pero que llenan la vida de ansiedad y expectativa. Entre sus actividades destacan la construcción de un patíbulo con horca y rueda en el jardín delantero de su casa ante la mirada atónita de los vecinos, o la infiltración en velorios ajenos para llorar de manera tan auténtica que terminan por desplazar a los verdaderos deudos en su propio duelo.
La parte titulada "Material plástico" ofrece una serie de historias breves y observaciones donde lo fantástico se filtra en lo real. Aquí encontramos relatos como el de un hombre que vive sin cabeza y recupera los sentidos a través del tacto y el oído, o el "Discurso del oso", donde un plantígrado habita en las tuberías de una casa, deslizándose por los caños y acariciando las mejillas de los humanos mientras duermen. También se incluyen reflexiones sobre la conducta de los espejos y las "maravillosas ocupaciones" de enviar patas de araña al Ministro de Relaciones Exteriores.
El núcleo más icónico del libro reside en la caracterización de los cronopios, famas y esperanzas. Estos seres son categorías ontológicas que representan distintas formas de habitar la realidad. Los cronopios son descritos como objetos "verdes, erizados y húmedos" que viven sumergidos en un desorden tierno y alegre. Son poetas por naturaleza, capaces de mojarse con sus propias "lágrimas naturales" mientras mojan una tostada si descubren que su reloj atrasa.
Por el contrario, los famas representan el orden, la previsión y la rigidez institucional. Cuando los famas viajan, investigan los precios de los hoteles, declaran sus pertenencias ante la policía y consultan los médicos de guardia en el hospital. Conservan sus recuerdos embalsamándolos con etiquetas y colocándolos contra la pared de la sala, a diferencia de los cronopios, que dejan sus recuerdos sueltos por la casa entre gritos de alegría.
Finalmente, las esperanzas aparecen como seres sedentarios y algo limitados, que se dejan viajar por las cosas y se conforman con observar desde la periferia. Mientras los cronopios se entusiasman tanto al cantar que se dejan atropellar por camiones, las esperanzas suelen ser "bobas" y se limitan a imitar o reprochar las acciones de los otros. Esta tríada permite a Cortázar satirizar las estructuras sociales y celebrar la libertad creativa frente a la burocracia de la vida.
Historias de cronopios y de famas es una obra maestra de la literatura transgresora que logra fracturar el "ladrillo de cristal" de la realidad convencional. Cortázar no solo inventa nuevos personajes, sino una nueva gramática de la percepción. La crítica ha señalado que su valor reside en la capacidad de despojar a lo cotidiano de su máscara de normalidad, obligando al lector a reconocer el absurdo y la belleza escondida en el acto de cepillarse los dientes o perder un pelo en el lavabo. Es una apología de la resistencia lúdica; en un mundo regido por la utilidad y la eficacia de los famas, el cronopio emerge como un símbolo de la pureza emocional y el asombro perpetuo. En última instancia, el libro es un testimonio de que la literatura puede ser un juego serio capaz de reinventar nuestra relación con el mundo.
