martes, 13 de enero de 2026

Vals de Mefisto. Sergio Pitol


La obra Vals de Mefisto (1984) de Sergio Pitol (1933-2018) se presenta en las fuentes como un laberinto literario donde los límites entre lo real y lo fantástico se vuelven casi imperceptibles. Publicada originalmente bajo el título Nocturno de Bujara, esta colección de relatos sitúa a sus personajes en escenarios que oscilan entre lo cotidiano y lo inasible, transformando ciudades familiares en espacios remotos. Pitol utiliza un lenguaje escudriñador para explorar la introspección y las visiones totalizadoras de sus narradores, demostrando que en su universo literario cualquier tiempo integra un único presente imprevisible y que, en última instancia, «todo está en todo».

En el relato que da título al libro, una mujer se ve profundamente perturbada al releer un cuento de su marido, Guillermo, también titulado "Mephisto-Waltzer". Mientras viaja en tren de Veracruz a México, la protagonista confronta la evidencia de su separación matrimonial a través de la voz, el ritmo y la dicción de la prosa de su esposo. El texto de Guillermo funciona como un espejo doloroso que revela un desinterés por la realidad compartida y un refugio en el esteticismo, sugiriendo que ambos han llegado a la conclusión de que su vida en común ha terminado.

La música, particularmente la obra de Franz Liszt, actúa como el eje estructural y emocional que permite establecer un tejido de asociaciones y reflexiones sobre el acto de narrar. El relato dentro del relato utiliza un concierto en Viena como pretexto para desplegar diversas hipótesis dramáticas: desde un conflicto generacional entre un militar y su nieto, hasta un crimen pasional en una Barcelona modernista. Para los personajes de las fuentes, el Vals Mefisto no es solo una pieza musical, sino un comentario sobre la perversidad, el erotismo y la capacidad del arte para burlarse de la agonía humana.

Por su parte, en "El relato veneciano de Billie Upward", la joven Alice experimenta una Venecia mística durante un viaje de estudios en 1928. Al seguir a una figura enigmática que identifica como la Reina de la Noche, Alice se sumerge en una atmósfera de ambigüedad donde los tiempos se fusionan y ella misma se siente parte de todas las épocas y de todos los hombres. Este relato destaca por su experimentación literaria, transformando una simple excursión en una travesía sensorial donde el mundo se le revela de modo simultáneo y total.

El cuento "Asimetría" explora la búsqueda de la identidad y la orfandad en el París de los años cincuenta, a través de la relación del narrador con las hermanas Celeste y Lorenza. El protagonista reflexiona sobre la esencia asimétrica del mundo, sugiriendo que la vida cotidiana es un caos de palabras desgastadas, mientras que el arte aspira a crear formas absolutas y simétricas. La convivencia en la casa de la rue Ranelagh revela un tejido de hilos confusos que definen el esquema de una vida marcada por el fracaso y la nostalgia del paraíso perdido.

En "Nocturno de Bujara", Pitol cierra el círculo entre la invención y la fatalidad al narrar el viaje de una pintora italiana al Asia Central. Lo que comienza como una serie de historias extravagantes inventadas por el narrador para entretener a la mujer —como el inquietante relato del pianista Feri— termina manifestándose de forma siniestra en la realidad. El cuerpo de la pintora, hallado destrozado como si hubiera sido atacado por una jauría, sugiere que los relatos compartidos en un café de Varsovia tenían un eco oscuro capaz de traspasar el papel.

En conclusión, las fuentes describen una obra que celebra el placer de narrar como una herramienta para armonizar la teoría y el comportamiento humano. A través de referencias a Mozart, Wagner y Schnitzler, los espectrales personajes de Pitol cavan vasos comunicantes que desafían la soledad y el deseo. La realidad en estos textos es un tejido de fragmentos que solo cobran sentido cuando la memoria decide convertirlos en forma, recordándonos que el mundo, al igual que una pieza de Liszt, es una mezcla de virtuosismo, burla y belleza inesperada.

Para comprender mejor esta complejidad, podemos imaginar la narrativa de Pitol como una habitación llena de espejos enfrentados: cada relato refleja a otro, y lo que parece ser una persona real es, a menudo, solo el reflejo de una historia contada por alguien más, creando una profundidad infinita donde la verdad se pierde entre las imágenes.

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