miércoles, 18 de enero de 2012

Harry Potter y el cáliz de fuego


Harry Potter y el cáliz de fuego (2000) es la cuarta novela sobre el niño/adolescente mago escrita por J. K. Rowling. Si en las dos primeras novelas el tono era infantil y simpático, con algún susto que otro porque todos los cuentos infantiles contienen elementos tenebrosos, este cuarto libro cambia sustancialmente el tono. Ello puede ser debido a varias causas. Rowling ha descubierto que tiene una audiencia más amplia que el público infantil y adolescente. Los adultos siguen también sus novelas. Por lo tanto, amplía el alcance de su temática con más ambición literaria y la hace más obscura y compleja. Por otra parte, la extensión de la novela (700 páginas) contrasta enormemente con la de los primeros libros (entre 200 y 300). Se ve que su editor confía más en la autora y le permite alcanzar las dimensiones de un auténtico best-seller adulto.
Varios autores del pasado se pueden distinguir como influencias en la saga de Harry Potter, especialmente en estos primeros libros, que, recordémoslo, transcurren todos en una escuela de magia, el célebre castillo de Hogwarts. En primer lugar, Enid Blyton (1897-1968), la muy conocida escritora de novelas infantiles, a la que todos seguramente hemos leído. Blyton escribió varias series de novelas con grupos de niños como protagonistas y que se dedicaban a descubrir misterios con frecuentes de notas de humor y suspense: series de Los Cinco y Los Siete Secretos. Otro grupo de novelas estaba ambientado precisamente en internados femeninos: Santa Clara o Torres de Malory. En estas series cada novela cubre un curso. En la obra más infantil de Blyton, protagonizada por un simpático personaje llamado Noddy, popular entre los niños incluso ahora a través de la televisión, la aparicion de gnomos, duendes y otras criaturas fantásticas es frecuente. J.K. Rowling seguramente leyó mucho a Blyton porque su influencia es evidente.
Otro autor, cuyo prestigio parece crecer día a día y cuya influencia en muchos autores de literatura fantástica es clarísima, es J.R.R. Tolkien (1892-1973). El tono épico, oscuro, la enorme capacidad lingüística y fabuladora del filólogo inglés, ese universo dividido entre el bien y el mal sin clarobscuros, las grandes dimensiones de sus narraciones, sin duda han influido tambien a la autora de Harry Potter. Sauron, el Señor Oscuro, nunca visto pero cuya influencia se nota en cada página del Señor de los Anillos, es un claro precedente del Lord Voldemort, el archienemigo de Harry en toda la saga y al que Rowling llama igualmente Señor Oscuro (Dark Lord). Las enormes dimensiones épicas y narrativas de Tolkien influyen también en las dimensiones de la obra de Rowling y en su tono, más dramático en cada novela.
Nos atrevemos a decir que incluso la sombra de William Shakespeare está presente en la obra de la autora británica. No sólo en la inclusión de escenas costumbristas o cómicas en sus tramas, que sirven de contrapunto a la acción, la tensión o el misterio, sino incluso en las grandes escenas de diálogo de los personajes adultos. El equilibrio entre cómico y trágico lo encontramos en las crónicas históricas sobre los reyes ingleses del dramaturgo inglés (¿Hagrid recuerda a Falstaff?).
Hay tres grandes momentos en el libro que remiten a lo dicho: el primero, la huida en el bosque después de la aparición de los mortífagos (Death Eaters) y la Señal Oscura (Dark Mark) de Voldemort, esas idas y venidas en la oscuridad, esos encuentros y desencuentros, tienen como referente sin duda al teatro isabelino; el segundo momento sería la reaparición de Voldemort, cuya vertiente edípica es evidente y que, en el fondo, como gran villano, es una figura trágica (lástima que en la versión cinematográfica la escena se malogra debido a un tono “gore” inapropiado y una escenografía black metal totalmente inadecuada); el tercero, las últimas escenas con Dumbledore, el director del colegio, de una grandeza reflexiva que recuerda al Gandalf de Tolkien. Desde ese momento, el ambiente está cargado de malos augurios y la novela acaba abierta, en un tono angustioso que nos prepara para la siguiente continuación.
¿Y Harry? En las primera novelas aparece como un personaje más bien pasivo, un estudiante normal que destaca por las características de su pasado, que se debate entre la acción y la contemplación, y que al final actúa casi siempre obligado por las circunstancias. Uno de los grandes logros de Rowling es reflejar esos tiempos muertos de la vida en un colegio y en la vida infantil, en que los días pasan sin dejar apenas huella y en que los grandes sucesos son, en realidad, las nimiedades de los pequeños conflictos escolares cotidianos (profesores adustos e incomprensibles, compañeros mezquinos y amigos fieles).
En esta novela, el trío Harry-Ron-Hermione, amigos desde la primera novela, llegan a los catorce años y, todos a su manera, descubren que las cosas y la vida no son tan sencillas o simples como en la etapa infantil. Reaccionan ante los problemas con aspereza o brusquedad porque aún no han aprendido a manejar los sentimientos, las emociones y los tiempos, los ritmos y las pausas del comportamiento adulto. Los recovecos obscuros, las motivaciones subterráneas, las fisuras en la conducta de los adultos son aún un misterio inquietante para ellos, incomprensible muchas veces. Hacerse adulto es descubrir la ambigüedad y la obscuridad y así empiezan a adivinarlo nuestros protagonistas, sin dejar de lado las pulsiones sentimentales, que no eróticas, resueltas en brusquedad, discusiones y frustración y un leve descubrimiento del atractivo del otro.
Asimismo empiezan a descubrir que ser distinto, diferente, puede ser objeto de conflicto y marginación. Harry es marginado por sus compañeros al ser elegido misteriosamente por el Cáliz de Fuego para el Torneo de los Tres Magos. Rowling describe perfectamente en este caso lo que significa el acoso escolar sin tregua, la traición y la incomprensión. El racismo (Hermione no pertenece a la raza de los magos), la diferencia de clase social (los Malfoy y los Weasley), las diferencias económicas en el caso de Ron, la marginación por ser diferente (el mismo Harry) y la explotación de los débiles (los elfos domésticos en su condición de esclavos conciencian a Hermione sobre el tema de la libertad y las reivindicaciones sociales) son temas recurrentes de la obra de Rowling. El ambiente de un internado, niños que viven en un ambiente cerrado, es perfecto para sacar a luz este tipo de mezquindades y maldades.
Harry gana el Torneo de los Tres Magos no porque quiera, sino porque involuntariamente se ve involucrado en ello, resuelve las pruebas a duras penas y, al final, renuncia a su premio porque no cree que sea digno de él. Es una persona normal envuelta en circunstancias que la superan. Rowling relata todo esto, el episodio central de la novela, con una cierta ambigüedad hacia su personaje cuya victoria no es del todo clara, sobre todo porque implica muerte y un futuro incierto.

La novela ganó el prestigioso premio Hugo en el año 2001.

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