miércoles, 15 de noviembre de 2017

San Manuel Bueno, mártir. Miguel de Unamuno


San Manuel Bueno, mártir, es una novela escrita por Miguel de Unamuno (1864-1936). Se publicó por primera vez en 1931, en el número 461 de la revista La novela de hoy correspondiente al 13 de marzo de dicho año. En 1933, la editorial Espasa Calpe publicó San Manuel Bueno, mártir, y tres historias más.

Ángela Carballino escribe la historia de don Manuel Bueno, párroco de su pueblecito, Valverde de Lucerna. Múltiples hechos lo muestran como “un santo vivo, de carne y hueso”, un dechado de amor a los hombres, especialmente a los más desgraciados, y entregado a “consolar a los amargados y atediados, y ayudar a todos a bien morir”. Sin embargo, algunos indicios hacen adivinar a Ángela que algo lo tortura interiormente: su actividad desbordante parece encubrir “una infinita y eterna tristeza que con heroica santidad recataba a los ojos y los oídos de los demás”.
Un día, vuelve al pueblecito el hermano de Ángela, Lázaro. De ideas progresistas y anticlericales, comienza por sentir hacia don Manual una animadversión que no tardará en trocarse en la admiración más ferviente al comprobar su vivir abnegado. Pues bien, es precisamente a Lázaro a quien el sacerdote confiará su terrible secreto: no tiene fe, no puede creer en Dios, ni en la resurrección de la carne, pese a su vivísimo anhelo de creer en la eternidad. Y si finge creer ante sus fieles es por mantener en ellos la paz que da la creencia en otra vida, esa esperanza consoladora de la que él carece. Lázaro, que confía el secreto a Ángela, convencido por la actitud de don Manuel, abandona sus anhelos progresistas y, fingiendo convertirse, colabora en la misión del párroco. Y así pasará el tiempo hasta que muere don Manuel, sin recobrar la fe, pero considerado un santo por todos, y sin que nadie, fuera de Lázaro y de Ángela, haya penetrado en su íntima tortura.
Más tarde morirá Lázaro, y Ángela se interrogará acerca de la salvación de los seres queridos.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Parzival (2ª parte). Wolfram von Eschenbach


Libros V-VI

Parzival busca un refugio para pasar la noche. Un pescador le indica un castillo y el joven caballero será testigo allí de toda una serie de acontecimientos misteriosos. Se alegran manifiestamente de su llegada y, al mismo tiempo, todo el mundo actúa como si estuviera sumido en la tristeza más grande. En la sala de celebraciones Parzival encuentra al pescador y se da cuenta de que es el rey del castillo, Anfortas, que sufre una grave enfermedad. Antes de comer, llevan a la sala una lanza ensangrentada cuya visión arranca lúgubres quejas a los asistentes. Entonces veinticuatro muchachas nobles, en un ritual complicado, ponen sobre la mesa cubiertos preciosos. Al final la reina Repanse de Schoye trae el Grial, que según Wolfram es una piedra que hace surgir de manera misteriosa alimentos y bebidas. Al final, el rey del castillo entrega a Parzival su propia espada de gran valor. Es la última tentativa para inducir al caballero, mudo hasta entonces, a hacer una pregunta que, según nos dice el narrador, habría podido curar al rey enfermo. Parzival, sin embargo, siguiendo las instrucciones de Gurnemanz y creyendo dar pruebas de una conducta cortés y sabia, reprime su curiosidad no preguntando en qué consiste la enfermedad de su huésped o el significado de todo aquel singular ceremonial. 

Cuando Parzival se despierta a la mañana siguiente, el castillo está completamente vacío. Intenta seguir a los caballeros mediante la huella de sus caballos pero la pierde. En lugar de esto encuentra a Sigune por segunda vez en el bosque y ella le dice el nombre del castillo, le habla del señor que habita allí y le revela que él mismo, Parzival, sería ahora un rey poderoso y respetado si hubiese preguntado a Anfortas cuál era su mal: no solamente aquel desgraciado sino toda su corte habría sido liberada. Cuando es forzado a confesar a Sigune que no ha sido capaz de decir una sola palabra de consuelo, ella le maldice y rechaza tener trato con él ahora. Inmediatamente después, Parzival encuentra a otra mujer por segunda vez: es Jeschute. Jurando a su marido Orilus que jamás ha tenido relaciones con ella, redime su torpe comportamiento en el primer encuentro y el marido la restablece en su honor.

Es uno de los nuevos cambios en el comportamiento de Parzival que ahora son recurrentes. Parzival llega por segunda vez a la corte del rey Arturo. Éste se había puesto en camino especialmente para encontrar al "caballero rojo" que se ha vuelto célebre entre tanto. Esta vez Parzival es acogido en la Tabla Redonda con todos los honores de la corte; ha subido hasta la cima de la jerarquía de los caballeros. La  Tabla Redonda se reúne para la comida en común; parece que todas las oposiciones, todas las faltas, todas las rivalidades internas han sido perdonadas y borradas. Aquí el relato abandona provisionalmente a Parzival y es de Gauvain, el sobrino de Arturo, de quien nos habla el narrador. Es otro héroe de la caballería del cual se destaca el respeto hacia los valores corteses, el coraje en la lucha y el valor de su nobleza.

Es justamente en este momento, donde se manifiesta el esplendor y la seguridad en sí misma de la sociedad noble más típica, cuando se presentan dos personajes que destruyen totalmente esta atmósfera de alegría, profiriendo maldiciones y amargos reproches contra el honor caballeresco de Gauvain y Parzival, lo que pone fin inmediatamente a la fiesta: la horrible hechicera Cundrie, la mensajera del Grial, maldice a Parzival y su silencio en el castillo del rey pescador. Ella califica su presencia en la corte del rey Arturo como una vergüenza para la sociedad caballeresca. Por otra parte, atrae la atención de la Tabla Redonda sobre el hecho de que, en el mundo de los caballeros, todo no transcurre tan bien como podría hacer creer la atmósfera alegre de la compañía. Habla de la cautividad de centenares de mujeres y muchachas nobles en el castillo de Schastel Marveile, y algunas de entre ellas están emparentadas con Gauvain o Arturo. Gauvain, en fin, es acusado por Kingrimursel, landgrave de Schanpfanzun, de haber matado a traición al rey de Ascalon y es desafiado a un duelo judicial. 

Es aquí donde se revela la idea superficial que Parzival tiene sobre Dios: explica que su rechazo a hablar en el castillo del Grial fue porque Dios ha rehusado ocuparse de él, cuando podría haber manifestado su poder curando a Anfortas y preservando así a Parzival, su fiel servidor, de la imprecación deshonrosa lanzada por Cundrie. Como en una relación de vasallo a señor, Parzival denuncia su sumisión a Dios; a este error de apreciación de la relación entre Dios y los hombres se añadirá más tarde el odio hacia Dios conforme a las reglas de la caballería. 
El héroe epónimo deja inmediatamente la Tabla Redonda y parte en una búsqueda solitaria del Grial que durará numerosos años. Por esto mismo se convierte en un personaje secundario en la narración de los libros siguientes. Las aventuras de Gauvain aparecen, pues, en primer plano.

Libros VII-VIII

La acción de Parzival y la de Gauvain varían siguiendo la misma problemática pero en perspectivas diferentes: los dos protagonistas siempre están a la espera de restaurar el orden perdido del mundo cortés en tanto que héroes de la caballería. En esta tarea Parzival fracasa generalmente puesto que ha aprendido poco a poco lo hay que saber sobre la caballería y, a causa de esta educación insuficiente, cada vez que encuentra una nueva tarea, siempre más difícil que la precedente, no puede llevarla a buen fin. El comportamiento incorrecto del héroe epónimo procede siempre de los defectos de la sociedad cortés.

Gauvain, al contrario, es desde su aparición la encarnación de la caballería ideal. Él también debe afrontar tareas más y más difíciles en razón de los defectos de la sociedad cortés; pero todos los conflictos a los cuales se enfrenta extraen su origen del hecho de que comprende mal lo que es el amor (es la problemática del amor cortés). Gauvain, sin embargo, se muestra capaz de resolver los problemas que resultan de ello, aunque en el transcurso de los años es incapaz de guardar fidelidad a su esposa (en lo cual se opone a Parzival).

Mientras se dirige a su duelo judicial, Gauvain pasa ante la ciudad de Bearosche y es testigo de preparativos para la guerra: el rey Meljanz de Liz asedia la ciudad de su propio vasallo porque Obie, la hija de este último, ha rechazado su declaración de amor. La situación se complica por el hecho de que Obie acusa erróneamente a su pretendiente de ser un canalla y pide al recién llegado su socorro caballeresco. El honor de Gauvain le ordena responder a esta petición, pero no quiere verse implicado en una batalla porque está obligado a llegar a tiempo y sin heridas a Ascalun. Obilot, la hermana pequeña de Obie, utiliza su encanto infantil para convencer a Gauvain de que intervenga como su caballero en la batalla; Gauvain entonces entra en combate y hace prisionero a Meljanz. Actúa enseguida como hábil intermediario cuando entrega su prisionero a Obilot y logra reconciliar a Meljanz y Obie.

El pasaje central del texto, la declaración de amor de Obilot a Gauvain después de haberla socorrido de manera caballeresca, presenta un aspecto cómico por el hecho de la gran diferencia de edad entre ellos dos; Gauvain se contenta con responder a estos avances dando largas, en el cuadro del amor cortés. Sucede todo lo contrario con la siguiente aventura amorosa. Se trata ahora de Antikonie, la hermana del rey de Ascalun, una mujer seductora esta vez. Pero un serio peligro amenaza la vida del héroe. Gauvain se encuentra con el rey Vergulant cuyo padre mató en una cacería, y el rey le aconseja de que vaya a alojarse en la casa de su hermana en Schampfanzun. Gauvain esconde apenas su deseo a Antikonie, al cual ella deja ver que también responde. Esto les pone a los dos en una situación comprometedora; cuando son descubiertos, la población de la ciudad toma las armas naturalmente pensando que Gauvain tenia intención de violar a la joven. Como Gauvain no está armado, le es muy difícil defenderse cuando el rey Vergulant entra en combate contra él.

Kingrimursel, sin embargo, había dado a Gauvain la seguridad de que podría presentarse libremente en el duelo judicial y no duda en proteger al caballero, incluso contra su propio rey. Después de fuertes discusiones entre los consejeros del rey, se llega a un compromiso que permite a Gauvain salvar las apariencias y dejar libremente la ciudad: el duelo judicial es retrasado y de hecho no va a tener lugar ya que finalmente se probará la inocencia de Gauvain. Pero Gauvain recibe la misión de partir en busca del Grial en lugar del rey.

miércoles, 3 de mayo de 2017

El Jarama. Rafael Sánchez Ferlosio


El Jarama es una novela de corte neorrealista del escritor español Rafael Sánchez Ferlosio (n. 1927), publicada en 1955. Había obtenido el premio Nadal ese mismo año —el jurado destacó sus diálogos— y marcó un hito dentro de la novela española de la posguerra, convirtiéndose en una referencia obligada del realismo social.

Un grupo de amigos (seis chicos y cinco chicas) pertenecientes as la clase media baja, pues trabajan en cafeterías, fábricas y talleres, hacen una excursión al río Jarama a su paso por San Fernando de Henares (a 16 kilómetros de Madrid, Puente Viveros). Es un domingo de agosto y los excursionistas llegan al lugar y dejan sus pertenencias en la venta de Mauricio, que espera la llegada de muchos madrileños, que vienen a pasar el día. En la venta están los parroquianos habituales, los lugareños, que van llegando y hablan de sus cosas y dejan ver unas vidas elementales y grises.
La acción se centra en dos focos espaciales: en el Puente Viveros, lugar de los excursionistas y en la venta de Mauricio con los lugareños estáticos y las idas y venidas de los jóvenes. Los chicos y sus novias discuten de temas intrascendentes, beben, juegan a las cartas, se bañan, pasean y hablan y hablan. Sus conversaciones son anodinas, triviales, sin inquietudes. A la hora de comer tienen que ir a recoger las fiambreras que han dejado en la venta de Mauricio. Comen y descansan a la hora de la siesta y siguen dialogando sobre temas de escasa relevancia.
Por la tarde los amigos se separan: un grupo sube al jardín de la venta a bailar y el resto prefiere continuar a orillas del río. Entre los que se quedan están Tito y Lucita, que han bebido más vino de la cuenta. Tito y Lucita se besan con la euforia del alcohol. Lucita llora. Es una chica frágil, la más tímida y vulnerable del grupo.
Mauricio, el ventero, ha ido recibiendo a lo largo del día a sus clientes. Lucio, ex presidiario, ex panadero, ha sido madrugador, a las nueve menos cuarto ya estaba en la venta. Allí también está el viejo alemán Esnáider, el alguacil Carmelo, Aniano, empleado del ayuntamiento, el innombrable hombre de los zapatos blancos y el paralítico Coca-Coña. También recibirá la visita de un taxista de Madrid, Felipe Ocaña, al que conoció cuando convalecía en el hospital, que viene con una gorda impertinente y sus cuatro hijos.Mauricio tiene una hija, Justina y aquel día su novio se enfada con ella, porque no quiere que juegue con los clientes a la rana .
Cuando empieza a anochecer, Sebastián, chico alegre, y su novia Paulina se dan un baño para refrescar y limpiar su cuerpo. Lucita hace lo mismo; pero nada más entrar en el agua sufre un desmayo y muere ahogada sin que se pueda hacer nada por salvarla. Daniel sube a venta para avisar a los demás. Llaman al juez de Alcalá de Henares, que practica el levantamiento del cadáver y lo dejarán en el depósito para que el forense le haga la autopsia.
El grupo regresa a Madrid sobrecogido, angustiado y muestran su inquietud por comunicar la fatal noticia a la madre de Lucita. Luego continuarán con sus vidas, asimilada la tragedia, seguirán con su vida vulgar y sin inquietudes. Lucita muere, el Jarama sigue vivo. Lucio, el madrugador, abandona, a la una menos diez, la venta de Mauricio.

Una obra maestra de la literatura española de loa años 50. Es una descripción milimétrica de un domigo de verano a las orillas del río Jarama. Los diálogos de los múltiples personajes están transcritos con precisión magnetofónica ilustrando perfectamente estados de ánimo, tiempos muertos y conversaciones de hablar por hablar. Nada empieza ni acaba, sólo tenemos alusiones a una realidad anterior y a un futuro incierto. El único intento de crear algo parecido a un argumento narrativo se produce al final de la novela con la muerte de Lucita y las reacciones que suscita, pero tampoco se va a llegar a una conclusión narrativamente hablando. Las descripciones e insistencia en luces y sombras son de inspiración cinematográfica, incluso se podría hablar de una planificación de ese tipo.